Me Gusta

miércoles, 22 de julio de 2015

Abril para olvidar

“Abril para vivir… Abril para cantar
Abril, flor de la vida al corazón
Abril para sentir… Abril para soñar
Abril, la primavera amaneció”

Ni de lejos, podría remedar al gran Carlos acariciando su dulce canción, pero no pude evitar entonar sus acordes cuando me acerqué a la que fuera un día nuestra casa. Me hallaba, además, en mitad de Abril, lo que a mi mente traía lindos, aunque amargos recuerdos. Te convertí mentalmente en la alondra de la que hablaba tan bella copla, la alondra que dejaba, como  la letra rezara, el dolor para cantar, mas no la luna de Abril para olvidar.
Entré allá y, de primeras, creí que quizá no todo estaba perdido, pues el olor del hogar persistía, y los objetos guardaban su original ubicación, como si nunca nos hubiéramos marchado. Una vez más, tuve la tentación de buscarte, llegando inclusive a sacar el celular del bolsillo, pero me contuve. No era ya momento de amparar esperanzas; hacía un invierno entero que habías decidido dejarme. Fui consciente entonces de que, en efecto y reiterando, no todo estaba perdido; quedaba lo más sustancial: Yo mismo.

Me había costado meses de desvelo y lágrimas llegar al definitivo corolario. Me hiciste tan tuyo durante aquellos años, que pensaba que ya no podría ser de nadie más. La culpa también se obstinaba en realizar su trabajo, castigándome sin compasión. Tan canalla era y es, que siempre albergaré la duda de si no sería yo, más que tú, quien demolería lo que tanto nos costara erigir antaño. La conciencia es un ajuste de cuentas desconsiderado y permanente.
Me dejé, pues, masacrar por ella. Asumí y sufrí mi condena, aislándome del mundo y de las gentes. Me hundí en la penitencia y la desdicha, dejándome llevar por el desespero  y la  pena hasta tocar fondo, creyéndome legítimo merecedor de toda mortificación.

Cuando me vi desgastado por la autodestrucción, y creyendo que ya no quedaba nada de mí,  fui a toparme con mi propio mástil. Hallándose aquél más férreo de lo que pensaba, lo usé como pilar para construirme de nuevo. Me propuse sacar fuerzas para volver a nuestro hogar,  intentando no verlo como tal en el presente, y sí como un escenario en el que hubiera  transcurrido, con sus venturas y miserias, un capítulo más de mi vida, importante, pero no imprescindible para continuar; mucho menos para reemprender.

Busqué en la cómoda de nuestro dormitorio la carpeta con el documento que me fuera menester, y sin mirar más a mi alrededor, abandoné la vivienda, cerrando con llave a ultranza, tanto la puerta, como nuestro pasado.

“Abril para sentir, Abril para soñar

Abril para encontrar un nuevo amor.”